Odio la playa en verano, todo lleno de gente, tráfico, calor, etc. Sin embargo la amo el resto del año.
Mi estación del año favorita empieza en pocos días, el otoño. ¿Quien no jugaba de pequeño a pisar las hojas? Yo siempre me preguntaba, una vez pisoteadas, si tenían sentimientos y les había hecho daño. Me sentía horrible, pero al segundo se pasaba… ¿bipolaridad? ¿dónde? Ahora en serio, la mejor época para pasear por la playa y leer sentada en la arena, al menos bajo mi opinión, es septiembre-octubre en las horas de sol. Otro momento ideal para todo esto es entre marzo y mayo, evitando los meses fríos.
Pues una vez terminada la época estival, volví a la playa. Volví con tantas ganas que parecía una turista, blanquita y con la cámara en mano.
Buscaba un paseo de esos que te pide el cuerpo y más que el cuerpo, lo pide la mente. Necesitaba un paseo de esos que te aclaran las ideas y te hacen ver que todo fluye pasito a pasito.
Da igual que haya nubes, al revés, hace que las fotos sean mas perfectas aún. Lo que no soporto es el viento, pero si me pongo tiquismiquis, quito hasta la arena xD
Un paseo no solo sirve para hacer deporte y mover el cuerpo, sirve para «descansar» la mente. Si, lo pongo entre comillas porque es algo que nunca descansa, al menos la mía no. Con estos paseos organizo mi presente, descubro ideas nuevas, modifico otras, y porqué negarlo, también sueño despierta.
Muchos creen que soñar es de ilusos, primero de todo, aléjate de esa gente y segundo, soñar no es de ilusos siempre y cuando mantengas tus pies en la tierra y te esfuerces por cumplir tus sueños.
Me evado entre mil pensamientos que afloran como supervivientes de largos días en los que no sucede nada distinto. Esos días en los que te regocijas en tu zona de confort sin importarte que pase ahí afuera. Eso no está bien.
Como añadido a estos placenteros paseos, fotografío por placer, por mera inspiración y por instinto ¿artístico? de querer guardar aquello que veo y que me pueda servir.
Lo que para unos es una simple alga en el suelo, para mi cobra una vida, una forma, un significado y un valor.
Soy rarita, lo reconozco. Me gusta fotografiar mis pies mientras ando, las estelas de los aviones, las nubes, el cielo nocturno, las sobras, etc…
Hay una frase, ya os hablaré otro día de esto, que se me ocurrió hace varios años y es: «Me siento como gato en un tejado». ¿Qué hacen los gatos cuando se tumban en las alturas? Observar. Exactamente, me siento una mera espectadora de esta vida que corre sin pararse por nada ni nadie. Que corre hasta que decidimos tomar un rumbo y dar un sentido. Ser dueños de nuestros pasos y no de los que los demás nos digan.
Cuando te das cuenta de esto es cuando decides marcarte unas pautas, objetivos, pasos y echar a andar el camino. Pues esto, señores, es todo lo que hago cuando salgo a pasear. Intento perfeccionar mis pasos, decisiones y movimientos, para asegurarme que hago lo que quiero hacer y por lo tanto sentirme a gusto conmigo misma creando un presente que me lleve al futuro que deseo.
Actos => Consecuencias
Y como dice un amigo: «Piensa lo que sientes, haz lo que pienses y siente lo que haces».
Gracias, mapachitos.





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