Hace un tiempo viví una situación jodidilla. De estas en las que eres cómplice de un juego pero en realidad sobras porque eres el peón, pero aún así decides seguir jugando porque cierta persona te convence de los beneficios. Pues todo aquello me enseñó mucho, y justo hace poco ha sucedido algo parecido, pero no tan grave, obviamente. Gilipollas solo se debe ser una vez en la vida y si lo puedes evitar, ¡mejor!
Me gusta la gente honesta, sincera, directa, humilde, pura… si eres así te dedico este trocito de canción:
Pon el alma justo encima de la mesa,
evitando las promesas que jamás se cumplirán.
Es la historia de quién nunca se
arrepiente, porque siempre se convence,
de que no puede cambiar.
Es la crónica de un ciego y su mentira,
que mil veces repetidas, se convertirá en verdad.
Para luego ahogarte en tu vaso de agua.
Es que sinceramente, todo lo que sea confundir, engañar, mentir, maquillar, camuflar, fingir, falsear, enredar, despistar, desorientar, etc, a una persona te lo haces a ti mismo y si encima tienes la suerte de toparte con alguien como yo, tus palabras no duraran mucho en esfumarse. Las intenciones se notan antes que los sentimientos. Precisamente no soy yo quien ha quedado mal. Yo sigo en mi ignorancia donde soy feliz y no me gusta rodearme de gente «impura» y deshosnesta.
Más vale una verdad que duela a una mentira que me haga reír. La verdad duele una vez, la mentira cada vez que se recuerda.
En esta vida debes ser el reflejo de tus actos. No debes ser el mejor del mundo, pero sí la mejor versión de ti mismo. No te estropees a ti mismo de forma gratuita. Cada uno de nosotros es diferente y tiene sus peculiaridades, esas que nos hacen ser atractivos a los demás, esas por las que el libro de los gusto aún no está escrito.
¿Qué se gana con mentir? Planteatelo, de verdad. Solo ganas tiempo, tiempo que estas desperdiciando y con el que estás dañando a todo el que te rodea. Ojo, no hablo de mentiras estilo: «estoy llegando» y en realidad te falta cruzar Narnia, el campo de Oliver y Benji, Mordor, Ikea y hacer autoestop por Invernalia. Hablo de mentir a los sentimientos por intereses egoístas. De buscar el bien personal, importándote una mierda la persona que tienes en frente.
Es de persona muy rastrera. A ver, que sí, que TODOS hemos mentido alguna vez, pero debemos evitar estos extremos. Si tienes la desafortunada suerte de toparte con alguien así, ¡huye y no mires atrás!
No se que aconsejar en estos casos, salvo esto que siempre me lo han dicho desde chiquitita y lo llevo muy a raja tabla por su sencillez y porque debería ser una verdad universal:
Nunca hagas lo que no quieres que te hagan a ti.
¿Y sabéis qué?
Ahora que lo pienso, este texto le va bien a más de una personita. Bueno que se de por aludid@ quien quiera.
Ale, a reflexionar mapachitos.





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